La Comunalidad y los comunalistólogos

LA PIEDRA ANGULAR DE “LA COSA”

Por Juan de Dios Gómez Ramírez / Binigulazáa

El anuncio del 2º Congreso Internacional de Comunalidad, que se realizará en el estado de Oaxaca la segunda semana de marzo del presente año, me hizo desempolvar algunos textos y libros que versaban sobre el tema, el cual ha cobrado cierta importancia en el ámbito académico y en el activismo social, como un elemento central de un discurso de reivindicaciones étnico cultural.

En lo particular lo que he leído y entendido de este postulado teórico desarrollado inicialmente por Floriberto Díaz, antropólogo ayuuk, quien elaboró una propuesta “teórica analítica-nativa”, con la que se pretende analizar las estructuras y superestructuras que sustentan a la comunidad indígena y obtener de este análisis una interpretación antropológica desde la realidad de los propios sujetos. A este postulado teórico lo nombró Comunalidad.

La mayoría de los estudios realizados posteriormente a los escritos de Floriberto coincidían en que, el postulado de la Comunalidad se entiende a través del análisis de los elementos siguientes propuestos por Floriberto Díaz:

  1. La posesión del territorio comunal, bajo la concepción de la Madre Tierra.
  2. La Asamblea de ciudadanos como máximo órgano de gobierno.
  3. El Sistema de Cargos, como ejercicio de la autoridad
  4. El trabajo colectivo comunitario
  5. la espiritualidad comunal y las festividades religiosas.

Estos postulados, conforman un modelo de organización social, sustentados en un territorio sagrado (comunal), que les da abrigo y alimento, donde se reúnen en asambleas para tomar acuerdos,  en ella la comunidad celebra grandes festividades, compartiendo los dones que la Madre Tierra les ha otorgado, gracias al trabajo comunitario donde todos han participado, pero también oran para que el gobierno y los grandes comerciantes no venga a despojarlos de parte de la cosecha o el territorio, pues viven sometidos a un modelo colonial, que les concesiona una autonomía relativa. Ya que el gobierno nacional y estatal impone las leyes de gobernar.

Comunalidad como “noción epistemológica”, es un término le da cierta categoría académica, pero a mi parecer, requiere aún desarrollar las nociones teóricas propuestas por Floriberto, y una sincera reflexión que le diera sustentación científica, así como establecer delimitaciones epistemológicas desde una concepción teórica occidental, no occidental, universal, sincretizada, etc., considerando que se trata de comunidades colonizadas y sometidas, donde prevalece un Estado ajeno, omnímodo y hegemónico, así como rodeados de una sociedad con valores y principios culturales occidentales. Y aún dentro de la comunidad prevalecen esos valores ajenos, impuestos desde la religión, la educación, el sistema de salud, las Leyes nacionales, asociaciones civiles, etc., cuyos principios se sustentan en la propiedad privada, el individualismo y contrapuestos cotidianamente a las costumbres y tradiciones comunitarias.

Aun así, las comunidades y su arraigo cultural prevalecen, muy dañado, pues elementos centrales de su cosmología han sido sustituidos por otros elementos ajenos, que habrá de recuperarlos y restituirlos, aunque ya no igual a sus usos originales, sino como valores trasmitidos por generaciones que deben prevalecer. El modelo construido por Floriberto Díaz es fruto de sus lecturas y reflexiones, pero sobre todo del conocimiento que le da el ser parte del “objeto de estudio”, desde una plena conciencia ayuuk, donde reconoce que los pueblos indígenas necesitan la unidad para garantizar que el Estado reconozca sus derechos culturales, la autonomía territorial y jurídica para mirar y actuar desde la perspectiva descolonizadora. Sin embargo, al modelo le faltan elementos que enlacen y articulen a las comunidades aparentemente aisladas, de hecho, no habrá que inventarlo o sacarlo de la chistera idealista.

El elemento de enlace de la comunalidad

 

Desde que se forman los primeros aldeas y pueblos en Mesoamérica, estos se asentaron en rutas de tránsito de viajeros nómadas o migrantes, eso les permitía intercambiar productos e información. Con la conformación de las Naciones – Estado como Monte Albán, estaban establecidas largas rutas de mercaderes e informantes quienes daban razón de cualquier novedad a sus señores. La ruta que unía Teotihuacan con Centroamérica, y las que unían con las costas oceánicas, durante varios siglos fue controlada por los zapotecas, sistema que prevaleció los tiempos coloniales, no así el control zapoteco. De esas rutas comerciales se sustentaban los sistemas de mercados o día de tianguis, que mueven los activos a regiones insospechadas, soportando una economía, que el Estado actual, sería incapaz de organizar, toda la distribución, el cambio y el consumo de la producción de diez mil comunidades indígenas.

Durante la opresión colonial es el mercado, las fiestas patronales y los santuarios, lo que conforma un pilar del resistencia económica y política, mantiene la vinculación intercomunitaria, y donde se refrendan los valores históricos y espirituales. En el presente, los mercados, no solo son un atractivo turístico, sino continúan siendo, en buena medida, un soporte de la economía comunitaria y un medio de socialización de la interculturalidad no oficial. Las comunidades indígenas no son autosuficientes, siempre han requerido de suministros que no pueden producir para su vida privada o comunitaria. Entonces, este sistema de distribución y cambio aprendió a prevalecer durante medio milenio bajo el yugo colonial y neocolonial, sometida a un modelo de explotación y discriminación, a veces muy bien disimulado, y a pesar de ello se ha mantenido dignamente. La distribución y el intercambio permite que el dar, el intercambiar y el consumo, cierren el circulo de la producción que les da la tierra, nuestra Madre.

El sistema de mercados que encontraron los españoles, estaban muy bien organizados y los que tenemos en Oaxaca han sobrevivido al empuje brutal del capitalismo, han sabido adaptarse en algunos casos y en otros ha sido la persistencia a la necesidad. Hace unos 20 años todavía se podían observar transacciones a base del trueque. Los estudios realizados al respecto demuestran la eficiencia de este sistema, desconocido en su complejidad y orden por los europeos del siglo XVI y que en el presente permite el abasto en amplias regiones y el intercambio de infinidad de productos de climas diversos, revitalizando periódicamente las pequeñas economías comunitarias. Sin esta estrategia, muchas comunidades ya se hubieran colapsado social y culturalmente.

 

Comunisteros o comunalisteólogos

Sin embargo, en la búsqueda de mayor sustentación de esta sospecha teórica, cayó en mis manos un libro, donde entrevistan a Noan Chomnsky y varios intelectuales indígenas y académicos hacen sus aportaciones en torno a la Comunalidad y la Educación indígena. En general me parece un buen ejercicio intelectual de los participantes y sobre todo de quienes han leído el texto; en fin, el texto cumple su propósito de sustentar una teoría, que permita mostrar los fundamentos sociales de la resistencia cultural. Y es gracias al artículo del maestro Jaime Luna Martínez, que titula “El Cuarto Principio” haciendo alusión a la Ley de Educación del estado de Oaxaca, en el que me tropiezo con los indicios que me llevarían al hallazgo de la piedra angular de todas estas reflexiones comunalisteológicas. Citaré el párrafo integro, porque será la guía de algunas reflexiones que ayudaron a encontrar la llave donde se accede a la piedra angular:

Contexto conceptual de la idea: En 1856, Carlos Marx escribía en sus apuntes conocidos como los “Grundrisse” sobre la existencia de un comunalismo, partiendo de las experiencias azteca, iroquesa y oriental, tanto hindú como China (incluso se acuñaría la noción de modo de producción asiático). Descubría valores y modos organizativos diferentes. Sin embargo, sus reflexiones eran muy pesimistas, pues consideraba que eran culturas destinadas a desaparecer porque, para él, el desarrollo industrial hacía del obrero el sujeto responsable de las transformaciones sociales y económicas.”

Me detendré un poco, para hacer unas aclaraciones pertinentes, acerca de estas afirmaciones, que me helaron la sangre, por lo que recurrí a releer la “Introducción general a la crítica de la economía”, uno de los escritos medulares que integran los tres voluminosos tomos de densas reflexiones del nativo de Tréveris, que se conocen como los “Grundrisse”. Es muy probable que este sea el documento que refiere el maestro Jaime Luna, por lo que trata de explicar. El texto fue escrito para ser el prefacio de su obra monumental “Contribución a la crítica de la economía política”, mejor conocida como el Capital. El documento fue redactado entre agosto y septiembre de 1857, y no se publicó por que el mismo Marx explicó que sería un embrollo para el lector empezar con los resultados de su investigación. Por lo cual quedó archivada y fue hasta 1903 que se publicó en alemán, y se le llamó “grundrisse” (trazos del basamento). Y publicada en español después de los años 50s.

En la época que Marx escribe, la segunda mitad del siglo XIX, los estudios etnográficos y antropológicos sobre los pueblos indígenas de América eran todavía escasos y Marx se tuvo que conformar con algunas investigaciones de nortemericanos y los estudios de los celtas antiguos, los eslavos y los hindúes. Sus incipientes escritos sobre China se basaba en las noticias que llegaban por la expansión colonial de Inglaterra en Asia, escritos que permitieron a investigadores posteriores, como Wittfogel, acuñar el término de “modo de producción asiático” en 1920. Marx, en el Grundrisse mencionado, establece los fundamentos de la formación de las sociedades primitiva, basada en la producción comunal o si se le gusta llamar en el modo de producción comunal o antiguo, estableciendo un modelo para el análisis de las sociedades posteriores, de diferentes modos de producción.

Marx en el escrito no menciona descubrimientos de valores y modos organizativos diferentes, más bien, establece un modelo de desarrollo a partir de la producción en general, sobre la base material que es la tierra, para satisfacer las necesidades humanas; la producción va a estar en relación directa con las condiciones naturales y sociales, el tipo de posesión de los medios de producción, las Leyes o las costumbres; analiza las relación de los humanos con la producción, distribución, intercambio y consumo que permitirían el desarrollo de las fuerzas productivas, hasta el presente.

Refiere, el aborigen germano, que los pueblos conquistados por un pueblo de otro de modo de producción diferente podrían prevalecer tres formas: la del pueblo vencedor, la del pueblo vencido o la combinación de los dos modelos, determinados por la influencia del entorno natural y social. Este dato es central para identificar el tipo de propiedad y la distribución de la producción. Y agrega que “Un pueblo conquistador divide al país entre los conquistadores e impone así una determinada repartición y forma de propiedad territorial; determina, por consiguiente, la producción. O bien reduce a la esclavitud a los conquistados y convierte así el trabajo esclavo en la base de la producción. O bien un pueblo, mediante la revolución, fragmente la gran propiedad territorial y da un carácter nuevo a la producción por medio de esta nueva distribución.

Releí el texto varias veces buscando dónde Marx hacía la afirmación que sostiene el maestro Jaime Luna, que:   “pues consideraba (Marx) que eran culturas destinadas a desaparecer porque, para él, el desarrollo industrial hacía del obrero el sujeto responsable de las transformaciones sociales y económicas.”, pero no encontré dichas afirmaciones, al contrario, me encontré dos importantes acotaciones, que contradicen el dicho de Jaime Luna.

Cuando Marx se refiere a la producción en general, este concepto va a ser el eje del análisis de la economía política. Los humanos no sólo producen objetos materiales, sino también producen ideas. Ideas que sirven para organizar la producción, la sociedad y pensamientos abstractos que crean los elementos icónicos que van conformando la cosmovisión, es la cultura. “El hombre es, en el sentido más literal, un animal político, no solamente un animal social, sino un animal que solo puede individualizarse en la sociedad.” Es decir, inmerso en su cultura; en nuestros días es evidente la fuerte sincretización del catolicismo por el pensamiento indígena en sus rituales, pese a la permanente influencia de la televisión privada y otros medios que difunden solo el modelo occidental, como el ejemplo a seguir.

Pensar que la proletarización de un pueblo y el desarrollo tecnológico provocará la desaparición de las culturas, es solo una idea insostenible del maestro Luna Martínez, pero el maestro Marx no dice que eso pudiera ocurrir por efectos de una revolución proletaria y el desarrollo de las fuerzas productivas, pues unos párrafos más adelante señala que “Ciertas determinaciones serán comunes en la época moderna y a la más antigua. Sin ellas no podrían concebirse ninguna producción, pues si los idiomas más evolucionados tienen leyes y determinaciones que son comunes a lo menos desarrollados, lo que constituye su desarrollo es precisamente aquello que lo diferencia de estos elementos generales y comunes.” ¿Si la lengua no es el mejor medio de trasmisión de la cultura, que otro medio más efectivo se pueda emplear?

Ahora el maestro Jaime Luna no tendrá que preocuparse del proceso de industrialización, pues ello se ha venido practicando desde la colonia con las minas y los repartos de tareas, los aserraderos, etc. Hoy en día surgen pequeñas industrias y empresas comunitarias, en Ixtlan, Capulalpam, etc. que emplean obreros locales, que a la vez pueden seguir siendo campesinos, hablar el zapoteco y estar dando su “servicio o cargo” en el municipio. Los pueblos tendrán que esforzarse por hacer un aprovechamiento planificado de los recursos naturales con los que cuenta, para generar empleos e ingresos comunales, si no quieren que sus hijos tengan que migrar para trabajar en una ciudad como obreros o esperar a que las nuevas generaciones fraccionen las tierras comunales y las venden al mejor postor privatizándolas, con o sin anuencia de la Asamblea de Ciudadanos o Comuneros, como está sucediendo.

A punto de concluir su artículo el maestro Jaime Luna señala a manera de conclusión y con una aparente solvencia teórica: “Marx tenía en su información un abrevadero importante (sobre todo bibliotecas) para aprender nuestra longevidad social, pero lo atraparon la industria y el papel protagónico del obrero. Y ya saben en que quedó la cosa.”

¿Y en que quedó la cosa? ¿Pero a que cosa se refiere, el maestro? ¿En realidad alguien sabe en qué quedó la cosa? ¡Quizá se refiere a la industria de China?… ¿a la educación y la salud en Cuba? o ¿al fracaso de los partidos comunistas en la URSS y otros países?, ¿a la caída del muro? o ¿aplica una estratagema de los ideólogos idealistas, para rehuir a debatir ideas y descalificar sin argumentos teórico?

La piedra angular de “la cosa”

Entonces, veamos “la cosa” detenidamente, pues quizá es la piedra angular para dilucidar el modelo desarrollado por Floriberto, que no quiso mencionar Jaime Luna, para analizar y comprender  la Comunalidad frente otras sociedades en sus diversos estadios, con modos diferentes unas de otras, sustentadas en la posesión de la tierra comunal o privada, por lo que analizaremos los postulados paralelamente, para observar el evidente paralelismo en la estructura de ambos modelos o la trasposición de un enunciado teórico indígena y el materialismo histórico desarrollado por el autóctono de Alemania.

Si hacemos la comparación con el modelo que presenta el antropólogo Floriberto Díaz, encontramos los elementos análogos que presenta Marx en el escrito en mención:

  1. Como el territorio, la Madre Tierra, la sustentadora de todas las cosas que habitan encima y dentro de ella. Marx dice en torno al mismo concepto: “Las determinaciones que valen para la producción en general son precisamente las que deben ser separadas, a fin de que no se olvide la diferencia esencial por atender sólo a la unidad, la cual se desprende ya del hecho de que el sujeto, la humanidad, y el objeto, la naturaleza, son los mismos.”, despojado de todo espiritualismo y religiosidad, es lo mismo.
  2. El trabajo comunitario, la gozona, la Guelaguetza, la mano-vuelta, instituciones de origen precolonial, que sustentan el modelo de producción mesoamericano. Se tiene conocimiento que un gran número de pueblos de diferentes lenguas, mantenían estas prácticas de reciprocidad. Marx, dice: “Toda producción es apropiación de la naturaleza por parte del individuo en el seno y por intermedio de una forma de sociedad determinada.” Es decir, que no actúa por iniciativa propia o de otra manera “La propiedad (la apropiación -del territorio-) es una condición de la producción.” Por ello la importancia de legitimarla desde los tiempos primigenios, por conquista, por herencia o por compra. A principios de la conquista los pueblos originarios nombraron a sus gobernantes locales al modo español y estos mandaron a pintar en lienzos las delimitaciones de sus territorios. Las cuales fueron reconocidos por la Corona y respetados, hasta cierto punto, hasta tiempos de la Leyes de Reforma. que fue la primera privatización de las tierras comunales, encabezada por los liberales.
  3. La Asamblea de ciudadanos o comuneros como la máxima autoridad. El Sistema de cargos como ejercicio de autoridad. El Sistema comunal de Justicia. La estructura Religioso-militar, como los mayas del sur de Quintana Roo. En este apartado unimos dos “elementos” del postulado de Floriberto, porque están intrínsecamente relacionados como formas de gobierno, y que Marx lo explica de la siguiente manera. “La protección de lo adquirido, Etc. Cuando se reducen estas trivialidades a su contenido real, ellas expresan más de lo que saben sus predicadores. A saber, toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas, sus propias formas de gobierno.”
  4. En este apartado incluí la distribución y el cambio, que el modelo Comunalista no ha considerado tácitamente. El tipo de posesión de la tierra y de los medios de producción nos indicarán quien recibirá los beneficios, antes que el producto llegue al mercado. El análisis de este apartado nos puede mostrar quiénes y cómo se distribuirá el producto de la tierra, antes de llegar al mercado y su excedente cómo se intercambiará ya sea como productos, servicios o materia prima. En este sentido el indígena germano refiere: “en la producción los miembros de la sociedad hacen que los productos de la naturaleza resulten apropiados a las necesidades humanas (los elabora, los conforman); la distribución determina la proporción en que el individuo participa de estos productos; el cambio le proporciona los productos particulares por lo que él desea cambiar la cuota que le ha correspondido a través de la distribución.”
  5. la espiritualidad comunal y las festividades religiosas. Gran parte de las celebraciones espirituales o religiosas tienen dos objetivos centrales: ser propiciatorias o de agradecimiento. Generalmente asociadas a aspectos agrícola, la salud familiar o de la comunidad.

Por ello podemos ver que detrás de estas manifestaciones esta la posibilidad de acceder a los productos necesarios para la vida y esto lo simplifica Marx, cuando escribe “finalmente, en el consumo se convierte en objetos de disfrute, de apropiación individual.” En una sociedad comunitaria, una parte del producto se distribuye en celebraciones colectivas y rituales de agradecimiento por los bienes obtenidos de la Tierra y del mercado.

Pero el indígena alemán resume el modelo que sustentan desde las sociedades precapitalista hasta el modelo neoliberal capitalista así: “La producción crea los objetos que responden a las necesidades; la distribución los reparte según sus leyes sociales; el cambio reparte lo ya repartido según las necesidades individuales; finalmente, en el consumo el producto abandona este movimiento social, se convierte directamente en servidor y objeto de la necesidad individual, a la que satisface en el acto de su disfrute.”

Y remata señalando, el germano con dedo flamígero “La producción aparece, así como punto de partida, el consumo como punto terminal, la distribución y el cambio, como el término medio, termino que a su vez es doble, ya que la distribución está determinada como momento que parte de la sociedad, y el cambio, como momento que parte de los individuos. En la producción la persona se objetiviza, en el consumo la cosa se subjetivisa. En la distribución, la sociedad asume la mediación entre la producción y el consumo por medio de determinaciones generales y rectoras; en el cambio, la mediación se opera a través del fortuito carácter determinado del individuo”

Un modelo en desarrollo o un plagio teórico

En realidad, no pensaría que Floriberto Díaz haya tomado el modelo marxista para analizar y comprender el desarrollo de su comunidad y en general de los pueblos indígenas de Oaxaca y presentarlo como su modelo teórico. Más bien pienso que estaba iniciando la disección de estos elementos y cómo encajaban en su realidad comunitaria, pues es evidente que en los años de estudio en la ENAH haya tenido en sus manos y leído los textos de Marx y no se haya inclinado por el pensamiento de los antropólogos idealistas que justifican la existencia del capitalismo y el colonialismo como un proceso natural.

Sin embargo, no pienso así de algunos seguiroes de Floriberto Díaz, quienes se han montado en sus ideas para crear una “noción epistemológica”, y justificar el status quo de sociedades indígenas bajo la hegemonía de una sociedad dominante, que les impone un modelo de desarrollo sin consultarles. Donde las iniciativas de los pueblos, que son aceptadas por el gran gobierno, al poco tiempo las retuercen convirtiéndolas en caricaturas inútiles como los esfuerzos hechos en educación intercultural, traductores en lenguas originarios en los procesos judiciales, Etc. El ejemplo más lamentable es la normal bilingüe bicultural de Tlacochahuaya, de donde ahora egresan neocolonizadores indígenas, dispuestos a desmantelar lo poco que queda de las estructuras culturales de sus propias comunidades.

Pero el autóctono de germania es implacable con los epígonos del capital y para los que no les cayó el veinte, remata diciendo en el mismo texto, para que hagamos sanas analogías: “Producción, distribución, cambio y consumo, forman así un silogismo con todas las reglas: la producción es el término universal; la distribución y el cambio son el término particular; y el consumo es el término singular con el cual el todo se completa.”

Por lo que podríamos organizarlo de mejor modo para su comprensión:

  1. La Tierra, bajo la concepción de la Madre Tierra.
  2. La posesión del territorio comunal, así como sus productos. El trabajo colectivo. Instituciones comunitarias: tequio, Guelaguetza, gozona, mano vuelta, etc . (La Producción, el trabajo)
  3. Asamblea de ciudadanos como máximo órgano de gobierno. Las formas de gobierno comunal. El Sistema de Cargos, como ejercicio de la autoridad. Normas de justicia comunitarias. (la Distribución)
  4. El sistema de mercados, las fiestas patronales, los santuarios. La compra, la venta, el trueque de la producción. (El Cambio)
  5. la Espiritualidad Comunal y las festividades patronales, mayordomías, el convite. El consumo final en los hogares. (El Consumo)

Espero que la solvencia teórica de los principales promotores del Comunalismo, les permita considerar la importancia del estudio y comprensión del marxismo, como una herramienta de análisis y discernimiento de estos asuntos y autocríticamente deslindarse de posturas colaboracionistas con el Estado opresor, pues el hecho de quejarse del mal gobierno neocolonialista, no implica necesariamente que se quiera cambiar el Comunalismo subordinado y sometido al supremo gobierno. Solo espero que los seguidores de Floriberto Díaz, para honrar sus esfuerzos teóricos, se tomen el tiempo necesario para releer el texto fundamental del Marx en cuestión, pues esto le daría un giro al atolladero idealista y rencausar el desarrollo de la Comunalidad a una praxis descolonizadora.

Este ejercicio teórico no tendría sentido si no se buscan alternativas reales que permitan reconstruir las estructuras y la superestructura de los pueblos originarios, muy destruidas y dañadas, para reconstituirse en naciones autónomas, que puedan tener en sus manos las riendas de su futuro como naciones, sin el tutelaje del supremo gobierno, cuyo proyecto esta circunscrito en el neocolonialismo liberal, así algún día podremos nombrar al país como la República de las Naciones de México.

Xoxocotlán, Oaxaca 8 de marzo de 2018.

Juan de Dios Gómez Ramírez / Binigulazáa

TEXTOS RELEIDOS:

VARIOS AUTORES. Comunalidad y resistencia indígena en la era global. CMPIOCSEIIO, Sria. Asuntos Indígenas de Oaxaca. 2010.

EDUCACION COMUNAL. Varios autores. Revista oaxaqueña para el diálogo intercultural. CSESIIO, CEEESCI, Univ. de Leiden, SER AC, World Learning. 2009

KARL MARX. Introducción General a la Critica de la Economía política (1857). Ed. Cuad. De Pasado y Presente. 1974.

KARL MARX y E. HOBSBAWM. Formaciones Económicas Precapitalistas. Ed. Cuad. De Pasado y Presente. 1980.

BENJAMIN MALDONADO A. Autonomía y Comunalidad India. Ed. CMPIO, Sria. Asuntos Indigenas, INAH-CONACULTA, CEDI. 2002

FLORIBERTO DÍAZ GÓMEZ (Textos). Declaración Universal sobre los Derchos Indígenas. Ed. INI, SER AC, DES-ENAH. 1990

VARIOS AUTORES. Estudios y debates sobre Multiculturalismo y Derecho Indígena desde las visiones México – España. Ed. CEJ UABJO y FDSCUABJO. 2008.

VARIOS AUTORES.  Coloquio Sobre Derechos Indígenas. IOC – GEO. 1996

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