Los Binigulazáa constructores de Monte Albán

Juan de Dios Gómez Ramírez / Binigulazáa AC

 BENNGULASH

Fundadores de una civilización prístina

Los Binigulazáa es uno de los más importantes mitos fundacionales de la cultura binizaa o zapoteca, fue preservada por generaciones desde tiempos pretéritos a través de la memoria colectiva y la tradición oral.

Esta tradición fue escrita y difundida por primera vez por Wilfrido Cruz en 1926, luego por Andrés Henestrosa en 1929 y por Gabriel López Chiñas en 1940, todos ellos oriundos del Istmo de Tehuantepec. En 1949 Julio de la Fuente, reporta este mito en los pueblos zapotecos de la Sierra Norte de Oaxaca. Sin embargo, en las comunidades de Valles Centrales aún prevalecen estos relatos que refieren de una generación que precedió a los antiguos constructores de Monte Albán.

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El maravilloso mundo de los vinigulasa. Dibujo: Gabriel López Chiñas. 1966.

Los Binigulazáa, dice Wilfrido Cruz, son considerados como los padres de la raza actual de los zapotecas, quienes llegaron a estas tierras transportados sobre “nubes en forma de aves hermosas, de plumaje multicolor de extraños y melodiosos cantos” por ello, hasta el presente, los zapotecos actuales se denominan a sí mismos biniza o “Gente de las nubes”. Podemos suponer que el término Binigulazáa o Binigulaza, es el gentilicio de los primeros habitantes de Oaxaca que de acuerdo con este autor significa “Gente antigua de la nubes”, de bini, gente; gula, antiguo y; Záa, nube. Este último término también fue el nombre la comarca o país donde se asentó la primera nación zapoteca: Záa o país de las Nubes.

En los relatos de comunidades zapotecas de Valles Centrales, se les asocia con los fabulosos gigantes que vivían en cuevas o profundas cavernas bajo la tierra, como lo mencionan los escritos de Wilfrido Cruz y Julio de la Fuente. Esta tradición describe a “los antiguos padres de la raza Záa” como “hombres de alta estatura, algunos dicen que tuvieron una talla gigantesca”, quienes fueron los constructores de magníficos templos y ciudades bien planificadas muchas de ellas aún permanecen enterradas bajo tierra, formando montículos que se pueden observar tanto en las cumbres de los cerros que rodean los Valles Centrales, como en la planicie de ésta, a veces formando importantes conjuntos aún inexplorados que la gente llama “mogotes”. Estos antiguos personajes fueron considerados como “magos, médicos y adivinos que sabían leer en los cielos estrellados los caprichos del futuro”, fueron considerados “los más valientes guerreros, los más ilustres sacerdotes”, cuyos secretos, conocimientos y virtudes sólo eran trasmitidos a los iniciados. Wilfrido Cruz nos dice que no todos los zapotecos eran considerados binigulazáa, sino que sólo los que eran elegidos y estaban “diseminados entre los diversos conglomerados de la raza, para dirigirla, para encausar su vida económica, social y religiosa, aunque también para explotarla.”

 

Aunque la versión que rescata Julio de la Fuente, en Yalalag, difiere sustancialmente, pues señala que estos personajes habitaban en la Tierra desde que se encontraba en completa oscuridad, los describe también como gigantes y de figura burda, quizá como las representaciones de las esculturas llamadas vulgarmente “Danzantes” de Monte Albán, semejantes a los corcovados que describen los mayas en sus antiguos mitos, refiriéndose a una generación primordial, poseedores de ciertos poderes y profundos conocimientos, y quienes subyacen en ciudades subterráneas hasta el presente. De la Fuente agrega que “los be’ne’ gwláse o gentiles, eran gentes de estatura gigantesca, físico burdo y entendimiento torpe que adoraban ídolos, árboles, piedras y pozas de agua. Eran pecadores que tenían que sufrir un castigo que ya presentían un diluvio,” siguiendo una socorrida tradición cristiana de desprestigiar y satanizar las mitologías y creencias culturales mesoamericanas.

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Asunción del nahual en los cerros del Jaguar y de Los Gobernantes. Dibujo: JDGR. MMV

Pero el mito les tiene preparado un fin a los binigulazáa y Wilfrido Cruz escribe que su propio conocimiento de las estrellas y sus artes adivinatorias les auguran su final, predicen la llegada de extranjeros barbados que sujetarán a los pueblos, por lo que deciden abandonar con mucha antelación sus antiguas ciudades y esconder sus conocimientos en cavernas y sitios inaccesibles. Luego sepultan sus templos y palacios realizaron ceremonias fúnebres en todos los pueblos: Unas versiones mencionan que, después de hecho esto, se despidieron y emigraron de sus ciudades, otros cuentan que se arrojaron a los ríos Atoyac y Tehuantepec convirtiéndose en peces y también que se internaron en el monte convirtiéndose en fieras de todas clases, otros fueron convertidos en figurillas de barro finamente elaboradas quedando esparcidas en los ríos y las antiguas ciudades abandonadas.

Estas tradiciones sostienen que los que se transformaron en fieras salvajes como jaguares, enormes serpientes, lagartos, águilas o en corpulentos árboles y enormes peñascos, fue para vigilar sus ciudades enterradas y el conocimiento que se guarda en el seno de la Madre Tierra. También se cuenta que otros binigulazáa emigraron a territorios alejados de los hombres blancos para seguir con sus antiguos cultos y costumbres. Gabriel López Chiñas agrega que en Teotitlan del Valle, en el cerro Xiaguiáa, existía una gran cueva cuya profundidad es desconocida y que en ella se internaron estos gigantes cuando salió el Sol, para después volver a emerger convertidos en grandes fieras las que se internaron en las espesuras de los bosques y selvas.

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Julio de la Fuente escribió que su destrucción fue causada por un diluvio, los que sobrevivieron labraron grandes losas de piedra y construyeron sus casas bajo la tierra, este suceso ocurrió cuando fue la época en que surgió el Sol, quizá sea una alusión a la última Era de los Soles de la mitología mesoamericana o quizá el fin del pleistoceno. Se cuenta que algunos se convirtieron en monos o perecieron quemados en grandes incendios de los bosques, un relato similar al del Popol vuh; sin embargo, una difundida tradición sostiene que dentro de los cerros, bajo la tierra se encuentran aún sus ciudades y que continúan siendo habitadas. En la tradición maya los “corcovados” se ocultan en profundas cavernas, donde aún protegen los secretos del gran conocimiento de los mayas, que el hombre blanco no debe conocer, porque su avaricia y mezquindad los llevaría a causar mayores males a la humanidad y al mundo, de los ya provocados en el presente.

Los pueblos que viven al pie de Monte Albán, como Xoxocotlán, platican de sus viejas tradiciones, que en las profundidades de ese cerro hay una gran caverna donde existe una ciudad a la que se puede acceder en ciertas fechas del año, para no salir jamás. Wilfrido Cruz aclara que cuando desapareció la generación de los binigulazáas, sólo “quedaron los débiles, los pusilánimes que más tarde fueron esclavos del conquistador”. Sin embargo Julio de la Fuente afirma que después aparecieron otros gwalasse, de quienes descienden los actuales zapotecos, mixes y otros pueblos, sabios en el arte de la magia que vinieron para proteger del genocidio y la codicia de los españoles.

DANZANTE DE MONTE ALBAN

MURO DE ESCULTURAL LLAMADOS “DANZANTES”. DUBUJO: LEOPOLDO BATRES. 1902.

 

¿Son los Binigulazáa los “Danzantes” de Monte Albán?

El hallazgo y divulgación de los primeros monumentos donde se representan los llamados “Danzantes”, se le atribuyen a Guillermo Dupaix, quien es enviado por la Corona española para realizar exploraciones en diversos sitios arqueológicos de la entonces Nueva España. Visita Monte Albán en 1805, elaboró algunos dibujos de las lápidas hallados por él, que son publicadas en Europa en 1830 por E. Kingsborough. En su informe Dupaix, las describe como “… unas lozas grandes y cuadrilongas de varios tamaños de piedras berroqueñas, y por la superficie plana, representa grabado de resalto, unas figuras o personajes, con la boca abierta, algo agigantadas con diversas actitudes o movimientos, sentadas o en pie, todas perfiladas, y dirigiendo la vista y el cuerpo de sur a norte…”

Según algunas versiones señalan que Alfonso Caso le atribuye a Leopoldo Batres el término de “Danzantes”, quien realizó exploraciones en Monte Albán en 1906, por encargo del presidente Porfirio Díaz, el que según Caso, los llamó “Danzantes por creer que se trataba de representaciones de danzantes y bailarines”, como lo dejó asentado en el informe de sus primeras exploraciones realizadas en Monte Albán en 1931-32. Quien escribió escuetamente en 1906, “… encontré seis lápidas con figuras humanas, vulgarmente conocidas con el nombre de “Los Danzantes”

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DANZANTE 55. MONTE ALBAN. DIBUJO: JDGR. MMV

Esta suposición hecha por Batres de personajes bailando en algún importante ritual, no aporta ningún otro elemento de análisis, pues puede suponerse que este nombre haya sido puesto por el pueblo oaxaqueño que ya subía en excursiones de amigos o familiares. Principalmente visitaban el montículo conocido como el “Cuatro Puertas”, rebautizado posteriormente por Alfonso Caso como “Montículo Sureste” ubicado en esa esquina sobre la Plataforma Sur.

Una de las primeras interpretaciones de estos monumentos la realiza Agustín Villagra, en 1939, quien propone que estas lápidas tienen un carácter conmemorativo y considera que los personajes en posición horizontal son “nadadores”, sosteniendo que la región que rodea a Monte Albán fue una amplia zona lacustre, por lo que la natación pudo haber sido una actividad cotidiana y relevante.

DANZANTES NADADORES DE MONTE ALBAN - copia

“NADADORES” FRAGMENTO DEL DIBUJO DE L. BATRES. 1902.

A pesar de que Alfonso Caso trabajó en Monte Albán casi 19 años, no hace alusión en sus escritos al posible significado y connotación de estas representaciones escultóricas. En sus investigaciones se concreta a describir los jeroglíficos y marcas que tiene las figuras en la región púbica, denominados “tatuajes sexuales”. Y las ubica en el período fundacional de Monte Albán, alrededor de 600 años antes de nuestra Era, en las que se tallan los primeros indicios de la escritura y el uso calendárico de Mesoamérica.

El 1951 el investigador Eusebio Dávalos retoma la idea de Caso de los tatuajes y los interpreta como castraciones iniciáticas del sacerdocio o como un sacrificio asociado a la fertilidad agrícola, haciendo analogías con ciertas sectas rusas. Aunque no existen evidencia de que alguna de las sociedades mesoamericana tuviera en algún momento dichas prácticas de castración ritual.

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RECREACIÓN DEL “DANZANTE 115” DIBUJO: JDGR. MMXV.

Al año siguiente, en 1952, el notable investigador Salvador Toscano publica su obra sobre el Arte Precolombino, donde supone al pueblo zapoteco ser el primero en esculpir en piedra extraños “seres humanos grotescos, corcovados, hermafroditas, ancianos barbados y contrahechos” como si sus escultores quisieran esculpir “un Lourdes indígena al cual acudían los enfermos en busca de la preciada salud”, aludiendo a alguna cita de Alfonso Caso. Y agrega que pese a que las tallas representan “inválidos, ancianos decrépitos y jorobados también buscaron expresarlos en las más variadas actitudes, contrariando la regla general del estatismo en su arte.”

Más tarde, en 1962 Michael Coe propuso que estas esculturas representan personas sacrificadas y las volutas floridas en la región pélvica, denota que este sacrificio consistía en la castración; sin embargo, el autor no presenta indicios de que esta costumbre religiosa o mágica, estuviera presente en otros pueblos de Mesoamérica, Sudamérica o Asia de dónde se presume probablemente procedían estos migrantes.

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RECREACION DEL “DANZANTE 46” DIBUJO: JDGR. MMXV.

Los oaxaqueños, por nada quisieron quedarse atrás en la elaboración de sus teorías, por ello en 1963 el médico cirujano Mario Pérez Ramírez, publicó un breve ensayo donde propone que las representaciones “revelan defectos corporales, es decir, casos patológicos” cuya función pedagógica “sirven de lección a las generaciones posteriores.” Y con ello “nos revelan la infancia de lo que es actualmente la Ciencia Médica Mexicana.”

En el primer tratado de arqueología oaxaqueña, publicado en 1968, por Ignacio Bernal, éste asoció algunas de las representaciones escultóricas de Monte Albán con los jugadores de pelota representados en estelas de Dainzú, las cuales fueron tallados con las mismas técnicas y en la misma época de los “danzantes”. En el mismo año Peter Furst publica que las volutas floridas que se representan en vez de los órganos sexuales, tienen un carácter metafórica y denotan un sentido de celibato, considerando la semejanza de la voz zapoteca de flor: qui y el término de genitales xqui, que sugiere John Scott en 1978. Aunque en el vocabulario de Córdova no encontramos está acepción. Para pene o “vergüenzas de varón” es Loota, letaa, lipaana, xipelalatia y para vagina o “vergüenzas de mujer” Lee, leetaa, xipelalatia. Furst sugiere que en estas losas se representan sacerdotes o chamanes.

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DANZANTE. DIBUJO: JDGR. MMXV.

El erudito en arte mesoamericano Paul Westheim publica en 1980 que “los relieves de los Danzantes no son reproducciones de escenas de baile: aquellas serían figuras aisladas… con un grafismo de intensa expresividad, es encarnación de una idea. Lo que representa es ese ritmo, ese éxtasis religioso de la danza sagrada que era devoción a los dioses y conjuro mágico.” Es su espléndido ensayo sobre la escultura del México antiguo.

En las décadas posteriores, una pléyade de académicos norteamericanos como Joyce Marcus (1974, 1976), Linda Schele y Ellen Miller (1986), Kent Flannery y Joyce Marcus (1991), así como Marcus Winter y Arthur Joyce (1996) sostienen en términos generales, que los “danzantes” forman parte de un programa narrativo donde se representan prisioneros y sacrificios humanos en contextos de guerras, así como escenas de sometimiento y humillación de los vencidos.

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OFICIANTE BINIGULAZAA. DIBUJO: JDGR. MMXV.

Aunque en las sociedades del viejo mundo como los Sumerios en Mesopotamia (Estandarte de Ur) o los Egipcios representaron escenas de pueblos y dignatarios prisioneros, los encontramos acompañados de sus vencedores. Generalmente los primeros están atados de manos como los encontramos en las estelas de la plataforma sur, que corresponden a una época posterior, o en actitudes suplicantes a los pies de los Halach Uinicob como fueron representados en la región Maya. Las actitudes representadas en los “danzantes” no parecen mostrar estar sometidos o ser cautivos de guerra.

Paul Gendrop en1970, menciona que algunos “muestran miembros deformados, así como elementos que puedan referirse a un culto fálico y en casi todos predomina un sentido del movimiento, poco común en el arte prehispánico.”

Existen otros personajes, que había mencionado Bernal como “nadadores”, representados en posición horizontal de quienes Marylin Masson (1992) y Heather Orr (1998), sostienen que por su semejanza iconográfica con las representaciones olmecas y mayas, “Estos últimos han sido interpretados como representaciones de individuos que están emprendiendo su viaje chamánico ritual al otro mundo, o que representan a seres del otro mundo.” O también “la pose de volar pueden estar, simbólicamente, haciendo este viaje después de la muerte, en calidad de sacrificios para el otro mundo“. En el códice Nuttall se narra un pasaje de “La guerra que bajó del cielo” donde se pintaron personajes aparentemente volando.

Román Piña Chan, investigador de la UNAM, propuso en 1993, que en el edificio “L” se presentaba una galería de “retratos” de personas vivas que gobernaban Monte Albán, cuyo propósito era legitimar su poder. Estos personajes, estaban organizados por grupos de acuerdo a la función que debería desempeñar, basado en el esquema que realizará Weitlaner (1960) de una comunidad chinanteca, sustentada en el “sistema de cargos”.

 

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JUGADOR DE PELOTA. DIBUJO: JDGR. MMXV.

A finales de los años 90s, el notable epigrafista Javier Urcid Serrano retoma parte de esta idea y propone varios patrones estilísticos, conformando grupos integrados en varios programas independientes, donde se puede hablar de jugadores de pelota, nobles o sacerdotes en autosacrificio, cautivos de guerra y ejecuciones de prisioneros. (Orr. 1994)

En los primeros años del nuevo milenio Marcus Winter reconoce que los fundadores de Monte Albán fueron los “binigula’sa”; sin embargo supone que los “danzantes” y las inscripciones labradas en las “lápidas de conquista”, ubicadas en su mayoría en el edificio “J” mejor conocido como el “observatorio”, comprueban que Monte Albán sujetó y conquistó a otras localidades. Pues en los “danzantes” se pueden ver retratos grabados en piedra de quienes probablemente fueron cautivos sacrificados (Winter. 2002).

 

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CEREMONIA CIVIL EN DANIBAN. DIBUJO: JDGR. MMXV.

La notable investigadora Beatriz de la Fuente (2004) nos refiere que “con los famosos Danzantes. Estos relieves son, según diversas opiniones, las primeras figuraciones de cautivos de guerra emasculados. Carecen de individualidad: su cuerpo es esquemático y despojado de lo accidental para comunicar hechos políticos y rituales, a saber la captura y muerte de los enemigos.”

Joyce Marcus (2008), en su texto monográfico de Monte Albán concluye que los “Danzantes” son prisioneros y al edificio “L” le denomina la “Galeria de los prisioneros” y lo explica de este modo “La enorme galería de cautivos sacrificados del Edificio L era una forma de propaganda política y militar, el componente psicológico de las guerras de Monte Albán contra sus rivales. Estas piedras grabadas advertían a los posibles rivales lo que les pasaría si desafiaban Monte Albán.”

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“DANZANTE 61”. DIBUJO: JDGR. MMXV.

 

A ciencia cierta, todas estas posibilidades que establecen los estudiosos del tema, poco tienen que ver con la tradición oral que prevalece en los pueblos zapotecos. La antropología e historia han apoyado sus argumentaciones del desarrollo histórico del mundo mesoamericano en paralelismos o similitudes de fenómenos sociales de lugares muy distantes o en la difusión del conocimiento a través de la migración por tierra o por mar. Sin embargo cabe siempre la posibilidad que algunos de estos fenómenos surjan por las dinámicas particulares de un pueblo, sus conocimientos y vínculos con el medio ambiente que los circunda, sus fenómenos y el contacto con otros grupos humanos culturalmente diferentes.

Por ello es bien importante atender lo que los mitos de la tradición oral nos dicen, no para retomarlos textualmente, sino para dejar abierta la posibilidad de que hay otras rutas que nos puedan dar una explicación apropiada que aún desconocemos. Por ello la tradición de los pueblos zapotecos de identificar a sus antepasados representados en lápidas de piedra o en códices como binigulazáa, deba ser una pista o línea de investigación, válida y científica como cualquier hipótesis académica.

 

ESPIRITU DE PETELA

EL ESPIRITU DE LA MONTAÑA. DIBUJO: JDGR. MMXV.

Lo más interesante que resulta de esta breve revisión de hipótesis sobre los “danzantes” de Monte Albán, es que ninguno o casi ninguno de los investigadores, presta oído a las voces de los indígenas, el pueblo zapoteca, que aún no escribe su historia. No encontramos una

investigación donde se les pregunte a los nativos de los pueblos zapotecas, ¿a quiénes representan estas imágenes talladas en piedra?, ¿qué nombre les dan en su lengua materna?, ¿por qué representan sus sexos de manera florida?, ¿por qué fueron representados de esa manera?

Son preguntas que no quedarán plenamente respondidas a corto plazo. Los “danzantes” son considerados por los propios zapotecos de conocimiento como los Primordiales, los Binigulazáa quienes reunieron a sus pueblos para construir Monte Albán, donde reunir a los hombres de experiencia y conocimiento, construir un Estado capaz de proteger sus hogares, sus sementeras y sus fronteras de quienes tiempo atrás ambicionaban el territorio, así como futuras y desconocidas amenazas. Pero también los reunía la lengua y una cosmogonía recreada por múltiples transmigraciones culturales con profundas raíces del punto de origen, poco a poco olvidadas.

 

DANNIBAN

LA MONTAÑA SAGRADA (MONTE ALBÁN). DIBUJO: JDGR. MMXV.

Monte Albán, Daniban o la Montaña Sagrada, símbolo de la unidad de los pueblos del país de las Nubes, donde gobernaban hombres y mujeres, cabezas de importantes linajes que poblaron los pueblos del Valle desde más de dos mil años atrás. Refieren algunas tradiciones que su sexualidad representada en forma florida, pueda simbolizar el origen de un linaje, un gen o un clan, una familia ampliada, no patriarcal, pues se sabe que en los pueblos de América, las familias tenían una estructura sindiásmica, donde las mujeres disfrutaban de mayor prestigio y autoridad en el clan o en la tribu integrada por varias familias. En los linajes prevalecía el materno, aunque también existían los paternos, pero no eran la regla. Quizá esa visión permitió representar los órganos sexuales como flores, un poco semejantes al aparato reproductivo femenino.

Este somero recuento sobre los “Danzantes” de Monte Albán, nos muestra dos importantes visiones culturales. Una de ellas, los mira asociados a los rituales mágicos mesoamericanos, realizados por una sociedad en permanente interacción y lucha con los seres y fenómenos de la naturaleza; en su contexto original, se legitimaba el poder de sucesión y cuya sexualidad estaba en perfecta armonía con la filosofía y la vida cotidiana, como lo muestran la mayoría de representaciones en cerámica del mismo período, donde predominan representaciones de desnudos sin ningún pudor.

La otra visión, refiere que estos muros representaban una advertencia hacia los enemigos de Monte Albán, pues refieren de guerras, prisioneros, castraciones y sacrificios. Una visión que transpola una historia de belicismo y prejuicios sexuales característicos de las culturas del mundo occidental a partir de la introducción de la religión monoteísta y que mira por encima del hombro la cosmogonía de los pueblos originarios de América.

ILUSTRACIONES: JDGR. MMXV

JUEGO DE PELOTA

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JUEGO DE PELOTA. CANCHA DE HUIJAZOO. DIBUJO: JDGR. MMXV.

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Una respuesta a Los Binigulazáa constructores de Monte Albán

  1. Gabriela Santiago dijo:

    Hola, Mtro. Juan de Dios. En el 2004 asistí al seminario que usted organizó ” Cultura, conocimiento y aventura en Oaxaca” y le perdimos la pista y me gustaría saber si hay opción de tomar otros talleres con usted. Gracias y felicidades por poner al alcance su trabajo y conocimiento sobre Oaxaca.

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